Lo primero que se debe de saber a la hora de pedir un aval es que probablemente sea más fácil conseguir que te lo concedan en el banco o caja con el habitualmente trabajas que en un sitio donde no te conocen de nada, esto que parece tan lógico no lo debe de ser tanto cuando tanta gente se dedica a ir de peregrinación de banco en banco solicitando un aval. En todo caso, nunca está de más comparar ofertas de diversas entidades.

Una vez se haya decidido, debe tener en cuenta que la entidad seleccionada llevará a cabo un detallado estudio de tu solvencia y de la operación para la que solicitas el aval. No te extrañes si de que te pidan muchos papeles, sobre todo de tipo económico y patrimonial, por que es lo habitual. A la vista del resultado de ese estudio, es posible que la entidad te exija, como condición para darte el aval, que aportes alguna garantía adicional.

Si finalmente la entidad aprueba la concesión del aval es imprescindible que leas cuidadosamente el contrato antes de firmarlo. No te olvides de la copia del contrato y guárdala cuidadosamente por si más adelante la necesitaras.

Tras la firma, la entidad te entregará los sucesivos documentos de liquidación de comisiones bancarias del aval prestado. En ellos deberán figurar las distintas comisiones aplicadas, el período al que corresponden y la base sobre la que se calculan. Es recomendable revisar esa información, a fin de detectar posibles errores o discrepancias entre las condiciones pactadas y las aplicadas.

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